Cuando tu no estes....

El ser humano es capaz de amar y odiar con la misma intensidad. Nos comprometemos a unirnos a una persona, “pase lo que pase”, con el amor como alianza sin embargo ante la ruptura de ese amor, no siempre se rompe del todo la unión.

 

El dolor que nos han hecho puede provocar en nosotros sentimientos de odio y rencor que no son fáciles de quitar. ¿Por qué nos cuesta perdonar? ¿Por qué nos es tan difícil dejar a un lado la amargura de dolor? ¿Por qué tratamos de olvidar y cada vez nos cuesta más? ¿Por qué nos cuesta soltar? ¿Qué es lo que nos da miedo

 

Perdonar significa desprenderse del daño que esa persona nos ha causado. Y a veces, el dolor, es todo lo que nos queda de alguien a quien hemos amado con pasión.

 

Puede que en el fondo sepamos que nos desvincularemos de verdad si soltamos el dolor. Y quizá, aún conservamos la ilusión de que la relación hubiera funcionado de otra manera. Un deseo o una necesidad nos susurra que esperemos, que merecemos ser amados y que una injusticia así no nos puede haber sucedido a nosotros.

 

El dolor, inevitable en la vida, nos advierte, nos protege y a la vez nos vincula. Dicen que el tiempo lo cura todo, pero a nosotros nos gustaría que el daño lo repare quien lo causo.

 

A lo mejor nos da miedo olvidar, pero perdonar no significa olvidar. Es más bien no tener en la cuenta pendiente lo que esa persona nos hizo.

 

A veces no podemos esperar a que quien nos hirió nos pida perdón, porque no sucederá. Y si seguimos esperando sabemos que nos quedaremos en el lugar dónde nos lastimaron, donde nos abandonaron, donde nos decepcionaron.

 

Cuando nos quedamos en ese lugar corremos el riesgo de que pase el tiempo y nos frustremos más aún, si cabe, con quien nunca volvió a pedir perdón, con el mundo que no comprende el dolor que sentimos y nos dice que “eso ya es agua pasada” y al fin al cabo con nosotros mismos por no poder avanzar.

 

Iniciar una relación amorosa puede ser algo maravilloso y es algo que por fortuna podemos escoger. Cuando esa relación termina también podemos decidir. Cuando vivimos el presente con resignación la experiencia es desagradable porque nos resistimos a algo inevitable que no escogemos. Cuando aceptamos lo que ha sucedido estamos decidiendo, tomamos las riendas y podemos soltar.

 

 

 

Puede que el dolor sea todo lo que nos queda de esa persona a la que amamos, pero quizá sea el momento de escoger. Avanzar supone un esfuerzo porque no tenemos garantías en un cien por cien de que vayamos a tener éxito.

Escoger es un riesgo que implica una pérdida de lo que abandonamos pero una ganancia de algo más valioso, aunque sea el perdón, autonomía, o caminar en una nueva dirección. Perdonar es desvincularse. Decir adiós al pasado es una forma de saludar y abrazar el porvenir.


Escribir comentario

Comentarios: 0