Lo Cotidiano..


Se dice que lo cotidiano mata al amor. Los que no están casados subrayan algo que repiten como si fuera un mantra: “Sobretodo, nada de rutina”. Y todos los terapeutas de pareja lo confirman, una de las frases que oyen con más frecuencia en sus gabinetes es “Estoy harto de la rutina, de abrir los ojos y ver siempre lo mismo”.

 

Sin embargo, los mismos que detestan hoy lo cotidiano, en otro tiempo lo deseaban con fervor. Al principio de la relación, soñaban con compartir las pequeñas cosas del día a día, se alegraban de llenar la nevera juntos y de ver la tele de la mano sentados en el sofá. ¿Qué ha pasado para que todo esto les parezca ahora una caricatura de la vida en pareja, incluso los signos de su fin?

 


“La rutina evoca lo contrario a la pasión de los comienzos. Sentimos una terrible nostalgia de los momentos en que todo fluía por si solo, cuando incluso llevar a cabo las labores cotidianas se realizaba con buen humor”

 

 

Lo cotidiano nos consolida

Cuando el aburrimiento acecha, algunos especialistas en relaciones de pareja proponen romper la rutina de manera regular, por ejemplo, marchándose un fin de semana como amantes o cenando a la luz de las velas cara a cara. Como si por sí solas, este tipo de  situaciones excepcionales tuvieran el poder de unirnos… Sólo que no nos pasamos la vida de vacaciones o en restaurantes… “Mi pareja a menudo viaja al extranjero por motivos de trabajo, y me doy cuenta de que nuestra relación necesita de la proximidad para ser felices”, cuenta Vivianne, de 45 años, que vive en pareja desde hace doce años. “Nuestra relación se alimenta de nuestros rituales: el mercado el domingo por la mañana, el desayuno juntos, la lectura del periódico por la tarde, uno frente al otro, sin que haya una necesidad forzosa de hablar. Cuando él no está, siento como si me hubieran separado de él. Lo que otros llaman “lo cotidiano” me parece ser simplemente la comunicación entre nosotros. Sin ella, nos endureceríamos. ¡Para mí, lo que “se refleja en los ojos, se refleja en el corazón!”. 

 

Para Ghislaine Paris, médico sexólogo y terapeuta, “la pareja confunde a menudo la rutina y el ritual, éste último cargado de simbolismo por parte de los dos miembros. Es repetitivo, desde luego, pero tranquilizador, como una pieza de música conocida. Es el verdadero cimiento de la pareja. No puede traer otra cosa que no sea chispa a la vida en pareja, además de lo que tenga de repetitivo”. Christophe Fauré, que acompaña a viudos y viudas, cuenta: “Todos me confiesan que lo que más echan de menos son, precisamente, esos pequeños detalles de la vida. No me hablan nunca de su crucero a Grecia. El duelo hace recordar lo maravillosas que son esas pequeñas cosas, que con frecuencia fueron descuidadas o tratadas con desprecio”. 

 

 

2. Lo cotidano nos ayuda a recuperarnos

Si la rutina nos pesa tanto, es porque, insidiosamente, nos transporta a momentos de aburrimiento pasados durante la infancia. “Ciertas situaciones nos pesan por anticipado, sin que nos lo expliquemos”, subraya Fauré. Es importante identificarlos, después hablarlo con la pareja, e incluso hacer una lista, para evitar contrariarse de inmediato”. 

 

Stéphane vivía como un calvario el paseo por el parque con los niños los domingos: “Cada semana era el mismo escenario, yo volvía furioso y acababa discutiendo con mi mujer, que no comprendía por qué siempre en esos momentos me encontraba en tal estado. De hecho, esto me recordaba a las horribles excursiones en coche con mis padres, cuando uno sólo podía bajar del coche cinco minutos para estirar las piernas”. Después de haber comprendido lo que estos paseos despertaban en él, Stéphane los cambió por la piscina. Y la serenidad volvió a la familia los domingos. 

 

3. Lo cotidiano nos regenera

Compartir lo cotidiano lleva a menudo a no observarlo más, algunos lo llevamos simplemente por dentro. No hay necesidad de querer liberarse de esta desagradable sensación.

Es suficiente con observarlo tal como es hoy y no como lo habíamos conocido hasta ahora, y admitir que tanto lo cotidiano como nosotros estamos evolucionando continuamente; refrescar nuestra forma de observarlo, pues siempre es posible descubrir zonas ocultas aún inexploradas, y de esta forma introducir de nuevo el deseo en la vida de pareja. Por ejemplo, como propone Fauré al preguntar sin previo aviso: “En este momento, ¿cuál es tu mayor sueño?”. La respuesta de hoy no será exactamente la misma de ayer… 

4. Lo cotidiano nos motiva

“En la pareja, cada uno intenta estar ahí para el otro, para darle placer, olvidándose de uno mismo”,  “Es la construcción de una relación en términos del “nosotros” y no del “yo”. Conocer nuestros propios deseos y placeres, identificar lo que queremos realmente y lo que estamos dispuestos a aceptar o no en la relación, permite salir de la dependencia que hace insoportable lo cotidiano”. 

Al ofrecer una base tranquilizadora donde los riesgos están permitidos, lo cotidiano puede posibilitar explorar senderos desconocidos. “Cuando se vive la pareja como un refugio, y no como una prisión, se puede ir más allá, tomar riesgos a los que uno no se atrevería solo, como asumir responsabilidades o lanzarse a una pasión nueva”, añade Fauré. 

Lo cotidiano tiene algo de apasionante que nos permite una alternancia tranquilizadora: la energía de mover montañas o la tranquilidad de no hacer nada. Con esta seguridad, no importa la profundidad a la que estemos. No obstante, se puede corer el riesgo de vivir sólo lo que es excitante externamente y no compartir con la pareja los problemas y las obligaciones. Los miembros de la pareja de nuestros días sufren la amenaza de estas tendencias extremas: sobreinvertir en la relación y no vivir más para sí mismos o sobreinvertir en uno mismo. Es mejor el término medio. 

Parejas que no viven juntas

Para que dure el amor, algunas parejas únicamente se ven para los buenos momentos, para dormir juntos cuando apetece o marcharse un fin de semana como amantes. “Estas parejas tienen sexo fácilmente, pero son poco compatibles, salvo excepciones, a la hora de un compromiso verdadero y de un proyecto duradero”, constata Ghislaine Paris, médica sexologa y terapeuta.

Este rechazo a la vida cotidiana es frecuente 
en las relaciones que nacen después de una ruptura, especialmente en aquellas en las que hay niños. Cada uno quiere evitar los conflictos y prefiere gestionar por sí solo su prole, dejando a la pareja a un lado de las turbulencias. Y esto, según la opinión de la terapeuta, es más bien una buena solución: “Veo parejas que riñen, que tienen adolescentes difíciles, y se encuentran literalmente destruidos para la vida familiar. Puede ser que en este caso sea más razonable esperar a que los hijos levanten vuelo, para poder vivir una vida juntos a tiempo completo. Al evitar lo cotidiano, protegen a la pareja de la ruptura”. 


 
Fuente
Traducción de: Rafael Fernández Louro
 

 

 

 

Escribir comentario

Comentarios: 0