Porque atraemos a nuestra pareja?

Se dice que semejante atrae semejante. Pero muchas veces nuestra pareja parece no ser muy semejante a nosotros si no todo lo contrario, es decir, que no empata mucho con nuestros gustos, actitudes o formas de pensar. Entonces, ¿Qué hacemos con ella? ¿Será que semejante atrae semejante? ¿O tendrán razón los que dicen que polos opuestos se atraen?

Sin duda la elección de la pareja tiene que ver con muchas cuestiones. Pero por lo general la elección ocurre de una forma inconsciente, es decir, que simplemente sentimos el “flechazo”, o la atracción, ilusión, inspiración o las ganas de estar con alguien. Y si la otra persona siente lo mismo, entonces se inicia una relación.

Cuando nuestra pareja nos ilusiona e inspira, entonces parece que todo marcha de maravilla. La intimidad se vuelve una especie de complicidad donde las debilidades y fortalezas de nuestra pareja nos ayudan, de cierto modo, a entendernos, consolarnos y a sentirnos a gusto con lo que somos, a amarnos y aceptarnos a partir de ella. Pero la cosa puede cambiar de un momento para otro y ese castillo azul puede desmoronarse de repente, y lo que era bello de repente puede convertirse en algo que ya no nos satisface ni complace y que muchas veces no es tan fácil dejar. ¿Por qué?

Muchos psicólogos han intentado explicar la complejidad o el fenómeno de las relaciones de pareja. Sin embargo, puede que no sea algo tan complejo (a menos que así lo queramos, claro).

Si observamos lo que sentimos con nuestra apareja cuando estamos enamorados, podremos notar que hay una aceptación plena y total de ella, es decir, que encontramos todo bello en ella, parece que no hay defecto, todo es dulce, motivador e inspirador. Este momento parece ser uno de los más bellos de una relación. Sin embargo, por otro lado y aunque esto parezca poco romántico o frío para el lector, ocurren ciertas cosas interesantes en nuestra cabeza. Entrar a este tema sería algo muy profundo y con una extensión para escribir un libro pero, para simplificar un poco, podríamos decir que cuando sentimos el flechazo, es que hubo una serie de asociaciones en el cerebro que desencadenan la atracción. Estas asociaciones las hace el cerebro cuando encuentra a alguien que puede darnos algo que desearíamos desarrollar, tener, conquistar, etc., alguien que tenga un potencial o algo que no tuvimos o pudimos hacer crecer en nuestra vida, y que hemos buscado.

Aquí podemos ver tres tipos de pareja que podríamos atraer y su explicación.

La pareja “que me complementa”

Este tipo de pareja está ahí para llenarme alguna carencia que no he podido llenar yo mismo. Y yo estoy ahí para llenar algún tipo de carencia de ella. Esto crea relaciones co-dependientes. Por ejemplo: si a una mujer le falto admiración de pequeña, entonces quizá le atraiga un hombre que la admire. Pero no aceptara la admiración de cualquier hombre, tiene que ser uno que cumpla ciertas características para que valga la admiración. Así que quizá buscara de forma inconsciente a un hombre que tenga cualidades semejantes al hombre o persona que no le dio la admiración que ella esperaba de niña. Esta persona puede ser un padre o una figura importante para ella. Así que en su pareja buscara rasgos de esta persona. Esto no lo razonamos, pero de repente algo en nuestra cabeza nos dice: “este es el hombre indicado”. Y nos enamoramos. Puede que ni notemos que “se parece a alguien”. Pero el enamoramiento en cuestiones de bioquímica cerebral tiene que ver con esta búsqueda. Así que nos gusta alguien. ¿Por qué? Porque de alguna forma encontramos en esa persona la vía para sanar nuestra autoimagen o nuestro corazón, y llenarnos a nosotros mismos con lo que necesitamos o nos hace falta. Así que entonces esta pareja, hasta cierto punto, se convertiría en alguien que sentimos puede ser lo que no somos o tenemos, y quizá nos puede ayudar a tenerlo o serlo.

La pareja fantasma

Hay personas que buscan relaciones “`platónicas”, es decir, imposibles o prohibidas. Cuando nos enamoramos de alguien que no nos corresponde o donde la cosa “no puede ser”, sucede que se está viviendo a través del enamoramiento de una ilusión, ¿Qué ilusión? La de ser amados. Estas personas tienen una pareja que idealizan y con la que sueñan estar, pero muchas veces no saben realmente como son y si la aguantarían en una rutina de vida diaria. Viven soñando con su pareja “fantasma”, quizá porque ellas mismas temen a una intimidad, porque el mensaje que se les envío de niños es que el amor era algo lejano o de muy difícil conquista, o que no eran dignos de ser amados por lo que eran. Así que buscan reafirmarse y encontrarse mediante esta ilusión.  

La pareja villana

Hay otros quienes no parecen disfrutar de sus relaciones, o viven en relaciones destructivas. ¿Qué es lo que buscan aquí? Quizá “salvar” a alguien, es decir, entender a su villano o villana y ser los “únicos” que los entienden y aceptan e intentan rescatar. Pero también existe una adicción al sufrimiento, al rechazo y a la reprobación o exigencia. Si el ambiente de la infancia propicio esto ya sea por uno o ambos padres, puede ser que la persona haya aprendido a relacionarse a partir del rechazo y la desaprobación, la búsqueda de la aprobación constante, y buscara relaciones con parejas “villanas” como una forma de superarse o conquistarse a si mismo a partir de la relación.

¿Qué hacer?

Como sea que sea tu pareja, podríamos resumir a las relaciones no como un territorio que conquistar sino que explorar, aprender que es lo que más queremos obtener de nuestra pareja pues quizá sea eso lo que tengamos que aprender a darnos a nosotros mismos, pues de esta forma ya no tendremos expectativas, dolor ni ilusiones fantasmas, y podremos crecer mucho con quienes nos sentimos atraídos en este momento. Recoerdemos que la felicidad no depende de los demás, es algo que hay que cultivar en nosotros. Y una forma de empezar es amarnos y aceptarnos así tal cual somos. Y si tienes dentro de ti el amor... ¿tendras que salir a buscarlo? quiza sólo tengas que salir a compartirlo.

Fuente: www.biomanantial.com

 

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